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viernes, 8 de abril de 2011

Óleo a la mujer de mi tierra.


Efraín Otaño Gerardo


(…)Una mujer innombrable
huye como una gaviota
y yo rápido seco mis botas,
blasfemo una nota
y apago el reloj.(…)

(…)Una mujer con sombrero,
como un cuadro del viejo Chagall,
corrompiéndose al centro del miedo
y yo, que no soy bueno,
me puse a llorar.(…)
Silvio Rodríguez


Fierecilla de la jungla
Que encrespaste la señal del Indio-Makao:
Busco el pasado de conchas y canales
Entre las sonrisas de los cenotes
…sin olvidar
La libertad de tu cuerpo.
Luciérnaga que juegas ad limitum en los montes
Sin importar la desnudez del alma,
Juegas a la verdad,
Al beso,
A los sueños…
Tus palabras se perderán en el misterio,
Pasarán despacio y apenas percibirán su color,
No habrá final concebido para tu voz
-simplemente tu voz-
Te sé de memoria a pesar de los naufragios
Y del pecado de pecar sin temores.
Hoy veo lo de siempre:
La cama,
 el verso,
y un libro abierto…
y veo sobre todo,
tu imagen de fango dibujada en el canal
cual óleo protegido en la galería del pantano.


miércoles, 6 de abril de 2011

DESDE AQUEL DÍA DE ABRIL MI VIDA CAMBIÓ.



Por Yamilka Nieves Vázquez





(Testimonio de Nora Martín Angulo, hermana de Dulce María Martín, víctima civil de la invasión mercenaria por Bahía de Cochinos)






Yo soñé con aviones
 que nublaban el día
Justo cuando la gente
más cantaba y reía ,
más cantaba y reía…

Silvio Rodríguez,
(Sueño de una noche de verano, canción)


Sentada frente a Nora, me aprieta la mano izquierda y con un gran suspiro me cuenta lo sucedido en la madrugada del día 17 de Abril de 1961.
Con los ojos llenos de lágrimas rememora cómo la sorpresiva invasión mercenaria por Bahía de Cochinos le arrancó la vida a su pequeña hermana, Dulce María Martín, que contaba sólo con 14 años de edad.

 Me dice:

-“Nos encontrábamos en Caletón, en casa de tía Amparo, acompañándola, porque hacía nueve días se había muerto su único hijo. De repente un estruendo hizo que todos en la casa despertáramos; eran ráfagas de tiros y bombas cayendo contra todo, salimos de la casa rumbo a Jagüey Grande en un camión descubierto.

Hace una pausa. La comprendo cuán difícil es sacar de sus adentro los recuerdos. Me mira con los ojos fijos y confiesa:

-“Lo que te voy a decir, nunca se lo he dicho a nadie, es por eso que no quería que mami estuviera aquí presente, ella se pone muy mal, pero mi hermanita quedó viva cuando cayó sobre mis piernas la vi morir, ¡como sangraba por la nariz y la boca!, entonces  puse mi mano sobre ella.

Llora. La dejo hacerlo con la vista fija en mis propósitos: su testimonio.

-“Veníamos como dos angelitos en la parte de atrás del camión, con los brazos entrelazados sin entender qué sucedía. De repente me tiraron de la mano y a ella la dejan tirada en la carretera; me llevaron prisionera; allí me volví como loca, cogí un palo para pegarles a los mercenarios que estaban con nosotros, uno de ellos fue a darme 10 dólares y le dije que no quería nada. Pasé los días mas amargos de mi vida sentada sin poder hacer nada porque no te dejaban moverte, me puse a pensar en mi hermanita muerta y cómo mi familia sabría de nosotras, fue algo terrible, la verdad…



Se levanta, toma agua y con un brillo en la mirada me dice:

-“Yo hablo de esto porque el tiempo pasa y tiene que quedar el testimonio de las cosas que pasaron, pero no es fácil, no es fácil, lo que yo pude ver allí fue mucho…no es fácil…

Siento escalofríos al ver esta mujer, como cincuenta años después, es capaz de revivir aquella escena de terror y crimen. Aguanto, por el bien de mi objetivo, ciertas lágrimas majaderas que me quieren salir de algún lugar muy adentro. Suspiro largo. Ella se calma con  el agua oportuna que nos traen y continúa:

-“Al día siguiente vuelvo a pasar por donde mismo y Dulce allí tirada todavía después de pasar el sol, el sereno, me puse muy nerviosa y es cuando uno de ellos me dice; “dale, dale…. Lo sentimos, estamos en guerra”.

Rabia en su mirada tierna. Sin embargo me explica que ella ha vivido afectada durante toda su vida;

-“Todos mis hermanos estudiaron, son profesionales y yo lo intenté pero no pude, en la escuela no coordinaba  las ideas, padezco de los nervios y de la presión arterial con tratamiento médico desde muy joven; gracias al apoyo de mi familia y de mi madre, Hildolidia Angulo,  que tiene 82 años, mi vida ha transcurrido en un ambiente tranquilo y familiar”.



 Nora, hace otra pausa y no quiere terminar la conversación sin dejar de expresar:

-“Mi hermanita y yo nos criamos como jimaguas, solo un año marcaba la diferencia de edad, compartíamos las tareas del hogar y en forma de juego ayudábamos a mami en la casa, nos poníamos las mismas ropitas. Dulce era una niña muy pasiva, educada, respetuosa y cumplía con todo lo que le decía mami, con su corta edad ya despuntaba entre las más destacadas, recibió en la escuela el Diploma, El Beso de la Patria, por los buenos resultados obtenidos.

Hoy, 50 años después Nora con un dolor inmenso que siempre llevará dentro, ratifica:

-“Desde aquel día de abril de 1961, mi vida cambió para siempre…”

viernes, 1 de abril de 2011

Trincheras de carbón

 


Por Efraín Otaño Gerardo
...si no creyera en la locura
de la garganta del sinsonte
si no creyera que en el monte
se esconde el trino y la pavura..

Silvio Rodríguez

¿Quién lo iba a decir? Que yo, un niño nacido entre los brazos del monte, podría darle la mano a Fidel Castro, el líder de la Revolución Cubana. ¡Si mi abuelo Félix viviera!
Si, porque querer a Fidel desde chiquito me lo enseñó él, y no lo he defraudado, y menos después que pude verlo de cerca y darme cuenta que era de verdad, que no era un Dios como me decían al principio, que tenerlo cerca algún día eran sueños irrealizables.
Yo se que hay gente que no quiere a Fidel, pero ese no es mi problema, como yo tengo el derecho de no querer a otros y creo que cada quién debe respetar el querer de los demás. ¿No creen?
Y para mí, esas son de las cajas de sorpresas que tiene la vida, de las que hablaba Onelio Jorge Cardoso, eso también es la magia de una Revolución.
 Si, porque las transformaciones de la Ciénaga de Zapata, por donde los siglos pasaban sin transformar nada y donde quizás el poeta Gustavo Adolfo Bécquer hubiera podido decir con más razón: "hoy como ayer/ mañana como hoy/ y siempre igual”, asombran tanto como si el tiempo fuera un pantano más.
Magia tuvo que ser para los carboneros la sustitución del guano por la mampostería, las fangosas veredas por el asfalto del camino, los niños descalzos por los niños calzados, el pacífico hachero por el mambí de Playa Girón, y el analfabetismo por la escuela, el libro y la cultura…

Y magia tuvo que existir para que en el limbo de la madurez, ocurriera lo inesperado. Si, porque de pronto me enteré que mi hija Kenia participaría en la Tribuna abierta saludando la victoria de Girón en su 40 aniversario, entonces comenzaron las flores silvestres a aparecer entre los trillos de  mi tierra de carbón y manglares. ¡Venía Fidel al acto! ¿Cuántas cosas piensa uno en ese momento? No sé realmente

Recuerdo que dormí muy poco la noche del 18 de abril, hay horas que parecen soles preñados de ansiedad, y pensar en la responsabilidad que tenía una niña de 10 años ante su pueblo no me permitía conciliar el sueño, sólo a sobresaltos algún que otro pestañazo.
También estaba lo de mi papá, que estaría sentado muy cerca de Fidel, si, porque él es combatiente de aquella heroica gesta e iba a sentarse en las primeras filas. ¡Ojalá pueda saludar a Fidel! Pensaba.
Hubo mucho desespero, es verdad, pero ya hoy puedo verlo todo de manera más sosegada hasta vislumbrar la imagen de aquella mañana del 19 de abril de 2001, hace ya casi diez años.
Debo decir, en honor a la verdad, que a pesar de estar presente, no pude ver en vivo la actuación de Kenia, la emoción y el nerviosismo (por el temor a que se equivocara) no me dejaron oír ni ver nada.
Todavía me pasa cada vez que la tengo que ver ante tantas personas a la vez.
Pero  no debo quitar el protagonismo al hecho en sí con mis comentarios paternales, no debo encausar al lector por pasiones que pertenecen a un círculo íntimo de familiares, aunque he sido testigo de la alegría manifiesta en el pueblo cenaguero porque una de sus hijas los representa en la primera línea junto a Fidel. Sí, porque después estaría  con el comandante muchas otras veces como aquella mañana, en Girón.
Y no demoraría en aparecer otras sorpresas ese día 19.
Siento gran emoción por las felicitaciones del gentío “por lo bien que lo había hecho la niña”, y entre los murmullos y las lágrimas muchos gritaban a mi alrededor ¡La niña está con Fidel!.
Apenas puedo verla desde el lugar donde me encuentro, logro subirme en una silla y la vislumbro junto al comandante, la miro nervioso, casi distante, entre llantos, orgulloso…



Sí, porque uno se siente orgulloso de ver a su hija con Fidel, ¿verdad?, a cualquiera le pasaría lo mismo.
Después vendría su visita a  Korimakao, conjunto artístico dirigido por el conocido actor del cine, la radio y la televisión de Cuba, Manuel Porto, la conversación con todos nosotros y la promesa de ayudar al Conjunto, promesa que cumplió con creces. Sí, porque en eso de cumplir lo que promete, Fidel tiene el uno, lo sabemos muy bien los cenagueros.
Y en el Korimakao
Desde los mismos inicios del triunfo está aquí con nosotros, convirtiendo el “milagro en barro…trocando lo sucio en oro”, porque en este lugar, donde la gente nacía y crecía en la soledad y el desamparo, y se quedaban mirando el agua muerta para siempre, ahora la vida reclama al ingenio popular su pequeña cuota de estética.
Sí, porque ya el cenaguero sabe mirar con buenos ojos el arte y la cultura, porque sabe estudiar para instruirse, porque sabe amar lo que tiene…
O si no que me pregunten a mí, un niño que nació entre los brazos del monte y pude darle la mano a Fidel, ¿Quién me lo iba a decir?
¡Si mi abuelo Félix viviera!

Hace diez años de ese encuentro¡¡

miércoles, 30 de marzo de 2011

¿Llorar no es de hombre?



Por Efraín Otaño Gerardo

…y dejé con sangre mía
Tu nombre escrito en la arena.
El tiempo pasó, que pena¡
Nos dejamos de mirar,
Y lloré, porque llorar
No es delito para un hombre,
Cuando supe que tu nombre
Fue borrado por el mar.

“Chanchito” Pereira.


Fuimos al mar, y en la roca
Bajo la luz de la luna
-sin resistencia ninguna-
Pude besarte en la boca.
Te besé con furia loca
Libre de toda condena,
Pero me pinché una vena
Con la ola que venía
Y DEJÉ CON SANGRE MIA
TU NOMBRE ESCRITO EN LA ARENA.

Tus ojos se sorprendieron
Y mirándome a los míos
Se cerraron, cual sombríos
Ojos que nunca se abrieron.
Las olas fuertes, nos dieron
En el costado, al pasar,
Pero más tarde, la mar
Se puso dócil, serena:
EL TIEMPO PASO, ¡QUE PENA¡
NOS DEJAMOS DE MIRAR.

Al irte y solo quedarme
Mi voz emitió un quebranto,
No fue tu voz, fue mi llanto
Que vino a mortificarme,
Aunque no supo llamarme
Al no recordar mi nombre;
Por favor, nadie se asombre,
Pero me puse a gritar,
Y LLORE, PORQUE LLORAR
NO ES DELITO PARA UN HOMBRE

Lloraba tanto, que el día
Me sorprendió con su luz
Para quitarle el capuz
A la noche que moría.
La neblina que caía
Logró mi llanto aplacar,
Y las lágrimas secar
Con mi pañuelo de hombre,
CUANDO SUPE QUE TU NOMBRE
FUE BORRADO POR EL MAR.

martes, 29 de marzo de 2011

El amor en la cantina

Por Efraín Otaño Gerardo

Cuando nos hinca en las venas
El amor como una espina
La cantina, no es cantina
Es cementerio de penas…
Autor desconocido


 






CUANDO NOS HINCA EN LAS VENAS
El cardo de algún recuerdo,
La sangre hierve, y me muerdo
Mis infinitas condenas.
Siento desgracias ajenas
Pernoctar en mi interior,
Y un frío atormentador
Me congela la mirada
Porque tengo envenenada
Cada arteria del dolor.

EL AMOR COMO UNA ESPINA
Me va enconando el costado
Por un fracaso, clavado
En la sombra de la esquina.
Voy corriendo a la cantina
Pero no encuentro la huella,
Se me pierde en la querella
Del pesimismo mezquino,
Y se nubla en el camino
Que me conduce hasta ella.

LA CANTINA NO ES CANTINA,
Es el obligado entierro
De aquel alcohólico encierro
Sumergido en la neblina.
Es la tambaleante ruina
De maltrato y de secuela,
Hasta dejar una estela
 sobre la gorra del monte
que parece el horizonte
despedirse de su vela.
 
ES CEMENTERIO DE PENAS
Cualquier lugar que visito,
Parece que resucito
Entre huesos de azucenas.
Me persiguen las condenas
Oxidadas del dolor,
Pero he encontrado una flor
-y su perfume es tan bueno-
Que me ha quitado el veneno
Contagioso de tu amor.




Copy right




Por Efraín Otaño Gerardo



Había una vez un hombre.
Quería construir castillos de palabras,
inventar historias, poemas…
Pero no encontraba sus propias letras.
Tomó del vecino un cajón de palabras en blanco y negro.
Había una vez un hombre.
Quería pintar de colores
Las palabras que hurtó del vecino.
Pero no vislumbra el iris más allá de sus ojos,
Usurpó a otro vecino sus lápices de colores.
Había una vez un hombre
que perdió la vergüenza
y el tribunal de su propia conciencia
lo condenó a cien años de privación de los sueños,
tras sus propias  y grises rejas.




lunes, 28 de marzo de 2011

Convergencia



 Por Efraín Otaño Gerardo








Toqué a su puerta con las manos vacías
y no se encendió su balcón.
Llené las manos de estiércol,
volví a insistir:
su alfombra percibió mi olor
… y el perro ladró esperando mi mano.
No sintió el amor.
         Aceptó el dinero.

Los balancines del Astrónomo



Por Efraín Otaño Gerardo



Se que estás ahí,
en la respiración de la noche,
bajo el signo de Escorpio.
Tímida y misteriosa como las aguas de que reflejan tu mirada.
Vagas incompleta.
Faltan algunas cosas para llenarte los pasos:
mecerte sobre el andar del tiempo;
amontonar segundos de poesía sobre tu alma;
dibujar tornados de locura en el ajuar de tus labios;
florecer en cada gota de rocío…
 Te regalo aquella estrella más allá del firmamento,
la inventaré distinta, con muchas puntas…
 ¡Regálame una porción de tu sonrisa
para tenerla entre mis olas y poder,
mirándote,
lograr el puñado de luz que necesito.

Rayos x en el espejo



 Por Efraín Otaño Gerardo




Estoy solo y no hay nadie en el espejo.




Me miro al espejo:
No soy yo.
El rostro no aparece ante los contornos
radiactivos de la luz.
Hay otra imagen ante mí,
enfocando su lanza-llamas de palabras.
Quiero irme,
por las visiones que me agreden el sentido,
Pero una voz de ultratumba me sostiene los pasos.
“¿Has leído a Galeano?”
Sorpresa y un stop totalitario a mi cuerpo.
¿Cuestionarme mi propio yo lo que hacía y dejaba de hacer?
¡Inconcebible¡
Comenzaron a difuminarse entonces los reflejos reales de mi silueta
¡Algo espantoso vislumbraba en el retrato¡
No era yo¡
“No te asombres, soy tu alma”
 y mientras tú blasfemabas  improperios a los hombres
yo leía de Galeano algunas preguntitas a mí, o lo que es lo mismo alguna preguntitas para ti:
¿cuántas veces he sido un dictador? ¿cuántas veces un inquisidor, un censor, un carcelero? ¿cuántas veces he prohibido, a quienes más quería, la libertad y la palabra? ¿de cuántas personas me he sentido dueño? ¿a cuántas he condenado porque cometieron el delito de no ser yo? ¿no es la propiedad privada de las personas más repugnante que la propiedad de las cosas? ¿a cuánta gente usé, yo que me creía tan al margen de la sociedad de consumo? ¿no he deseado o celebrado, secretamente, la derrota de otros, yo que en voz alta me cagaba en el valor del éxito? ¿quién no reproduce, dentro de sí, al mundo que lo genera? ¿quién está a salvo de confundir a su hermano con un rival y a la mujer que ama con la propia sombra?
No supe qué decir,
Mejor,
No pude decir…
Quise replicar,
Quise correr,
quise llorar,
quise morir…
Más solo caía de hinojos antes mis manquedades.
Borboteaban lágrimas que me apuñalaban el cuerpo,
Se cuajaba el espanto en desgarros de mi piel
Y sentí alivio.
Al menos estaba a tiempo.
¡¡Aún estoy a tiempo¡¡

viernes, 25 de marzo de 2011

Amor en la distancia, eternidad, el deseo y el placer

Por Efraín Otaño Gerardo

La distancia del claro-oscuro me atormenta...
No veo las olas
grabar con su pincel salobre
el surco arenoso de los siglos.
¡La puerta se ha cerrado¡
no se si quedé dentro
no se si quedé fuera:
está vacío el candil de los poemas
y la sangre me lleva al desacierto,
al purgatorio de láminas que claudican...
Solo una sonrisa salvará al poeta.
Entre montañas y neblinas
una sonrisa suena campanadas.
El poeta despierta del letargo invernal
 la distancia se acerca
la falda encrespa sus enaguas y el deseo se refugia
sobre gritos post-orgasmales del placer.
La eternidad aparece sobre las piedras
y los duendes acalorados corean su sinfonía.
De cierta cuneta se levantan las canciones
se deshiela la incongruencia...
¡Fenixia el poeta¡